Había pensado harto en cuál sería el tema de mi primera columna. Pensé en la iglesia, en unos curas que hicieron daño a personas de una comunidad pobre, en unos políticos que se hacen llamar honorables, pero creo que es pertinente hacerla por Víctor Jara.

Por René Fuenzalida


Víctor Jara quedó para siempre como un hombre joven, retratado en blanco y negro, que sin ninguna grandilocuencia se paraba en un escenario a cantar de la mano de una guitarra. Tampoco se puede decir que es el típico profesor universitario, cantante, actor o director de teatro como los que hay actualmente. Sin conocerlo personalmente, veo a un Víctor más profundo en las cosas que hizo, sin perder jamás la frescura.

Si vemos algún video de Víctor o escuchamos alguna grabación, podremos reconocer claramente su acento campesino, su tonito campestre y el seseo particular con el que hablaba. Esa humildad implícita, hoy son muy pocos los capaces de sostenerla pues el mercado obliga a tener una imagen más “apropiada”. La humildad y el cariño con que quedó registrado hacía las cosas, es algo con lo que me quedé pegado de Victos Jara. En la radio Futuro, Freddy Stock (quien prepara una biografía del Artista) comentaba hace algunos días algo en relación a esto. Decía que Víctor era un apasionado. Que todo lo que hacía lo hacía con una pasión y dedicación increíble.

Al leer las letras de sus canciones, que siempre correspondían a temas completamente comunes y ciertos, con un contenido social profundo, podemos apreciar la sensibilidad del artista, qué es lo que quería mostrar con sus creaciones. Sus temáticas ambientaban el Chile de entonces, con una crítica implícita a las diferencias sociales. En la interpretación, podíamos apreciar en detalle el sentimiento que había puesto en la creación. Víctor Jara era un apasionado, jugado a concho en sus actividades y que se entregaba en cuerpo y alma a lo que hacía.

Fundación Víctor Jara

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Víctor, fue asesinado. Hasta hace pocos días atrás, su crimen estaba sin culpables, pero a pesar de la tardanza hoy podemos decir que los criminales cumplirán una pena correspondiente por su asesinato. Así es como el Juez especial, Miguel Vásquez, de la Corte de Apelaciones de Santiago dio orden de captura internacional contra Pedro Barrientos Núñez, por quien se recurrirá solicitando la extradición desde Estados Unidos. Dispuso el arresto en un batallón militar de Hugo Sánchez Marmonti. Estos dos delincuentes, son responsables del asesinato del artista. Fueron procesados también, Roberto Souper Onfray, Raúl Jofré González, Edwin Dimter Bianchi, Nelson Hasse Mazzei y Luis Bethke Wulf como cómplices.

Víctor fue detenido un día después del golpe militar dado por los generales rastreros, junto a centenares de alumnos, trabajadores y profesores en la Universidad Técnica del Estado (UTE), la actual Universidad de Santiago, donde hacía clases. Desde ahí fue llevado al Estadio Chile, que hoy lleva su nombre, y se le separó del resto luego de ser reconocido por ser activo y consecuente partícipe del gobierno del Presidente Allende.

Víctor fue torturado, con quemadura de cigarrillos, heridas en su cuerpo y cortes y lesiones en sus manos, para impedir que pudiera interpretar la guitarra. Le dieron 44 balazos para asesinarlo un 16 de septiembre del 1973. Su cuerpo fue encontrado al costado del cementerio metropolitano, en la zona sur de Santiago, cercano a poblaciones, a barrios pobres, a plazas de tierra donde niños con caras embarradas, jugaban a la pelota, soñaban mirando el cielo, encumbraban volantines y se entusiasmaban al ver carretas tiradas por caballos. Fue sepultado por su esposa, Johan Jara en el cementerio General sin más que la compañía del chofer de la pompa fúnebre.

He pensado en el qué hace que una persona, con preparación profesional, con juramentos para defender la patria y su gente, pueda cometer la atrocidad de torturar y asesinar con tantas balas a alguien desarmado, como si con ese ensañamiento se fuere a destruir lo que ese ser representaba. No se puede entender, la verdad… Sobre todo, porque el objetivo nunca se logró. El asesinato del artista no solo fracasó en acallar su voz y pensamiento, en borrar su ser, en procurarle olvido; por el contrario, ese acto de odio y crueldad hizo eterno su legado artístico, su persona, sus gestos y su memoria, multiplicando el sentir popular de su obra. Víctor Jara es reconocido en el mundo entero, sus creaciones han sido interpretadas por muchos artistas internacionales y escuchadas por millones de personas en el mundo. Tom Morello (guitarrista internacional de Raga Again de Machine y Audioslave) destacó el juzgamiento de sus victimarios; Sole Giménez (Presuntos Implicados) y Joan Manuel Serrat, podrán cantar con más fuerza Te recuerdo Amanda… Doblemente fracaso de los asesinos, independiente de la cantidad de balas y crueldad, en vez de matar dieron más vida a un eterno y humilde personaje de la historia de nuestro país.

La magia y pasión de Víctor Jara, nunca murió. La soledad de su sepultación, nunca más se repitió. Por el mundo entero hoy se le recuerda con cariño y admiración, por haber sido un hombre consecuente con su clase, con sus iguales, con sus capacidades, las que compartía con la nobleza de la gente del sur, con el cariño con que mostraba sus conocimientos, con la pasión con la que escribía, cantaba cosas simples, sin mostrar lo que no era, lo que no le pertenecía, siendo exactamente como la parecía ser… Criticaba con simpatía lo que no le era agradable (las casitas del barrio alto) y ponía en sus interpretaciones el sentimiento mágico de quién muestra lo que siente sin falsas expectativas.

Qué más nos hubiera entregado Víctor Jara?, cuántas obras teatrales hubiera dirigido?, cuántas canciones nos hubiera regalado?… Solo ahí está el vacío de su existencia. Bastó con lo que nos dejó para hacerse inmortal. Bastó con lo que dio para no morir. Bastó para que con su legado, los asesinos hayan fracasado.

Imagino a Víctor más viejo… Envejeciendo. Saliendo en algún programa de la tele criticando el modelo económico, dando charlas en universidades respecto la cultura, el teatro, el canto popular. Qué rico hubiera sido aprender más de su persona. Tendría 86 años, tal vez.

Esperaremos la biografía de Freddy para saber más detalles de su vida, para conocer más en profundidad al ser humano que tuvimos la suerte de tener entre nuestros artistas grandes. Yo en tanto, me regocijo en haber dedicado unas letras, a la humidad y pasión del gran Víctor Lidio Jara Martínez.


René Fuenzalida


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