Estudio genético de investigador de la Universidad de Tarapacá reveló herencia africana de los chilenos

Francisco Javier Rothhammer Engel es reconocido en el ambiente científico nacional e internacional: es cirujano dentista y doctor en Ciencias por la Universidad de Chile y postdoctor por NIH Fogarty International Center, Department of Human Genetics, University of Michigan Medical School (Estados Unidos).

Algunas listas aparecidas en internet nos dicen que 153 publicaciones científicas o de corriente principal lo incluyen como investigador principal o coinvestigador. Ha integrado los Consejos y Comités Editoriales de Chungara, Revista de Antropología Chilena; Internacional Journal of Anatomy, Chile; Revista Homo, Alemania; y Annals of Human Genetics, Inglaterra.

Rothhammer destaca por sus investigaciones en genética y las ciencias en Chile y el extranjero. Pertenece a las Sociedades de Genética, de Biología, de Arqueología y de Fisiología en Chile, así como a la New York Academy of Science, en Estados Unidos. Es miembro de número y fue presidente de la Academia de Ciencias del Instituto de Chile, creada en 1964 por el otrora Presidente de la República, Jorge Alessandri Rodríguez y desde hace diez años, académico del Instituto de Alta Investigación de la Universidad de Tarapacá.

Para el doctor Rothhammer, no se debe entender que el menor acceso de las personas con ascendencia indígenas a los estamentos superiores de la sociedad se deba a estas condiciones particulares. Sus investigaciones confirman un alto componente originario en la herencia genética de la población chilena y, también, presencia de genes del continente africano.

Planteamiento

La mitad de los chilenos tiene algún antepasado colonial africano. Esa es una de las sorpresas que entregó el análisis de las muestras de sangre donadas por más de mil voluntarios nacidos en distintas regiones del país. Se trató de una investigación internacional que buscó reconstruir, mediante análisis genético, el proceso de mestizaje ocurrido a partir del siglo XVI en América Latina. Es el proyecto “Candela”, Consorcio para el Análisis de la Diversidad y Evolución de Latinoamérica, impulsado por la University College de Londres, donde participaron, además de profesionales chilenos, científicos y voluntarios de México, Colombia, Perú, Argentina y Brasil. “Es el primer ‘barrido genético’ que cubre las quince regiones del territorio nacional”, destacó el doctor Francisco Rothhammer, quien lideró la iniciativa en Chile.

En 1995, junto a dos investigadores de la Universidad de Pittsburgh, Rothhammer rastreó en el ADN mitocondrial de 1.300 nativos americanos y de 300 restos humanos precolombinos de la ruta del “paleopoblamiento” de América. Describieron solo una ola migratoria que pobló el continente hace 14 mil 500 años. En la actualidad, participa en la pesquisa de la expansión colonial europea en nuestro subcontinente con los métodos más avanzados que entrega la actual genómica.

El trabajo permitió obtener 40 marcadores genéticos de 408 nativos americanos, 299 europeos y 169 yorubas del occidente de África. Con esta referencia, los científicos examinan muestras de sangre de miles de individuos de las actuales poblaciones latinoamericanas para determinar su “ancestría”. Es decir, qué porcentaje de los genes de los antepasados de un chileno, argentino, peruano, colombiano, brasileño o mexicano es del propio continente o proviene de los principales flujos inmigratorios tras el descubrimiento europeo de América.

Ruta de la esclavitud

En Chile, 2.000 voluntarios donaron muestras de sangre para la investigación del proyecto Candela. En Arica hicieron lo propio militares y estudiantes universitarios que residen en la ciudad, eso sí, provenientes de las 15 regiones del país. Los resultados de 950 de ellos arrojaron el siguiente resultado: un chileno posee, en promedio, un 44% de genes indígenas, 52% europeos y 4% africanos.

La impronta del continente negro ya había aparecido en trabajos anteriores que Rothhammer había realizado en Coquimbo y Arica. Además, está consciente que este dato sorprenderá a muchas personas. “En Chile ha existido discriminación en contra de individuos de ese origen (africanos) desde tiempos coloniales y se ignoró su aporte genético. En nuestro estudio, uno de cada dos sujetos posee componente genético ancestral africano”, dice.

Lo llamativo es que esta impronta no solo es un poco mayor en las regiones del extremo norte, ex territorio peruano donde la esclavitud fue más tardía, sino también en Valparaíso y Santiago. Ello marca las rutas de ingreso de esclavos negros en la época colonial.

Pese a que la esclavitud fue menos extendida en Chile que en otros países de Latinoamérica, entre los siglos XVI y XIX cerca de 6 mil inmigrantes forzados procedentes de África subsahariana fueron ingresados al país para su venta; llegaron al norte del actual territorio chileno para el trabajo doméstico y agrícola en el virreinato del Perú. La segunda ruta comenzó en Buenos Aires. Los esclavos entraron por la cordillera de los Andes, por el paso fronterizo de Cuyo, en Mendoza, hasta llegar al valle del Aconcagua, para luego ser vendidos en Santiago y Valparaíso.

Impronta indígena

Asimismo, antecedentes del proyecto Candela nos dicen que el aporte de europeos e indígenas son los más relevantes, con cierto predominio de los primeros. Eso sí, esta proporción se invierte a medida que uno se aleja de la zona central de Chile. En las regiones de Aysén, Los Ríos, La Araucanía, Tarapacá, Coquimbo, Atacama, Arica y Parinacota y Antofagasta, los genes indígenas aportan más del 50% del componente genético ancestral.

Esta situación resulta marcada entre los aymara, del norte, y pehuenche, del sur, en personas con apellidos indígenas y en pueblos pequeños y aislados. El predominio europeo se concentra en las regiones de la zona centro y sur, Valparaíso y Magallanes, que recibieron nuevos contingentes de inmigrantes –españoles, alemanes, italianos, ingleses y croatas, entre otros– durante los siglos XIX y XX.

Los investigadores señalan que uno de los principales objetivos de evaluar la “ancestría” de las poblaciones latinoamericanas y de sus individuos tiene que ver con la identidad de los pueblos.

Fuente : https://www.uta.cl

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