COLUMNA: Desmintiendo mitos sobre la Ley de Identidad de Género

Por Alejandro Basulto y Matías Valenzuela Cortez


El proyecto de ley que reconoce y da protección al derecho a la identidad de género (Boletín 8924-07) se acerca a su etapa más crucial. Bastan sólo las votaciones del Senado y de la Cámara de Diputades -además de muy probablemente la decisión de la lamentable tercera cámara, el Tribunal Constitucional- para saber si la Ley de Identidad de Género será promulgada o no, y si incluirá a niños, niñas, niñes y adolescentes.

Y como sucede comúnmente con estos proyectos de ley que cuestionan el tradicionalismo y el modelo de vida, familia y sociedad que ha buscado imponer históricamente un sector primitivista del país; los prejuicios y los mitos han aflorado. Y es que la desinformación, el fanatismo religioso y el uso de falacias como el hombre de paja (la exageración y tergiversación absurda de algo), se han convertido en recursos recurrentes del conservadurismo para hacer frente una ley que busca garantizar el bienestar de las personas trans que hoy son víctimas de la depresión y el suicidio, por el rechazo y falta de inclusión legislativa, institucional y social.

“La ley de identidad de género incluye operaciones quirúrgicas y cambio de sexos en menores de edad”

La Ley de Identidad de Género no obliga a menores de edad a incurrir en operaciones de cambio de sexo, sino que sólo garantiza el acceso al cambio de nombre y género registral: ni el tribunal ni el Registro Civil podrán exigir la realización de tratamientos hormonales o quirúrgicos para acceder a este derecho.

“La mayoría de les trans se arrepienten en la adolescencia: a mis hijos los educo yo y no serán trans”

Otra gran mentira, orquestada a través de “estudios” financiados por grupos conservadores, que se confunden dos conceptos: la identidad de género y la expresión de género. Este último término se refiere al comportamiento social y apariencias externas que podrán ser más femeninas, masculinas o andróginas, según los estándares culturales binaristas que heredamos del patriarcado. La identidad de género, en cambio, está definida en el proyecto como la convicción autopercibida de ser hombre o mujer y por ende, tiene un carácter más profundo y permanente. Si bien ambos pueden cambiar con el paso de los años, la identidad exige un reconocimiento institucional y social por los efectos jurídicos que conlleva.

También se ha insinuado el peligro de que ciertos progenitores críen forzadamente a sus hijes en un género distinto al que serían biológicamente: ante todo, es necesario precisar que el género es un término cultural, y el sexo, un término más biológico, asociado a la corporalidad y la genética. Este mito también es falso dado que, tanto en instrumentos internacionales como en el proyecto de ley, se busca resguardar la autonomía de les menores en el desarrollo de su identidad, libre de la intervención de terceros, incluso de padres discriminadores que busquen reprimir los intereses que se expresen espontáneamente en le niñe. Al respecto, cabe mencionar las historias de personas intersexo que, por haber sido operadas al nacer para asignarles forzosamente ciertas características sexuales, llevan una vida de dolores físicos y cargan con las dificultades del proceso de construcción de identidad en una sociedad o familia que aún no entiende la importancia de integrar a personas que no son ni se sienten como mujeres ni hombres.

El mal llamado “derecho preferente a educar de los padres”, no significa que éstos puedan reprimir las identidades trans que espontáneamente manifiesten sus hijes: como señalan les doctores en Derecho, Fabiola Lathrop y Nicolás Espejo,[1] les progenitores tienen una responsabilidad legal de orientación y guía en el ejercicio de los derechos reconocidos en la Convención de Derechos del Niño y no debe ser entendida como “la concesión de derechos plenos a [les] representantes legales de los NNA sobre esos mismos NNA: [la Convención reconoce] la primacía de la responsabilidad parental respecto de la responsabilidad del Estado” y por tanto, es un derecho que ejercen contra el Estado y no contra les niñes.[2]

Así, el interés superior de le niñe y por ello el Estado debe intervenir cuando hay señales de maltrato infantil: ello motivó a que en Sao Paulo se abriera la primera casa de acogida para niñes LGBTIQ2+ expulsades desde sus familias,[3] siguiendo la experiencia europea y norteamericana al respecto.[4]

“Aprobar una Ley de Identidad Género aumentará los casos de depresión en personas trans”

Este mito refuerza la patologización de las identidades trans: las depresiones e intentos de suicidios en niñes y adolescentes trans, surgen precisamente por el rechazo social que viven por la falta de políticas educativas con perspectiva de equidad de las sexualidades y géneros

diversos: la inexistencia de una normativa que proteja la identidad de género refuerza la marginación y el bullying hacia personas LGBTIQ2+.

“Ideología de género” y “marxismo cultural”

Que el conservadurismo haya utilizado la desinformación como herramienta política para hacer frente al avance de la LIG es un modus operandis al que nos hemos mal acostumbrado. Hoy, los dos más grandes y delirantes inventos del reaccionario conservadurismo, señalan que el legítimo avance del transfeminismo se trata de una conspiración marxista que buscar “destruir el concepto occidental de familia” a través de la imposición de una “ideología de género”. La misma campaña de terror usaron durante el reconocimiento legal de hijes nacides fuera del matrimonio, durante la discusión del divorcio, de la unión civil o el aborto en tres causales. Frente a sus falsedades y prejuicios, hoy debemos relevar los relatos de niñes y adolescentes que hoy viven marginades: si les niñes están primero, actuemos en base al principio de su interés superior, legislando a favor de una Ley de Identidad de Género que incluya niñes y adolescentes trans y así los proteja desde la primera infancia.


[1] Scielo.conicyt.cl

[2] Ibídem

[3] OvelaRosa.Com

[4] elpais.com


Columna conjunta por:

Alejandro Basulto
Periodista y educador popular
Militante del Frente de Niñez y Adolescencia del Movimiento Autonomista.

Matías Valenzuela Cortez
Asesor jurídico de OTD Chile
Militante del Frente de Diversidad Sexual de Revolución Democrática


Voz Ciudadana Chile en facebook

Comentarios
Loading...