[COLUMNA] El incendio que cerró tus ojos colibrí porteño: Una memoria de la Divine

Por José Luis Díaz


4 de Septiembre de 1993, no tengo mucho que decir, estaba junto a los amigos de esa época, escuchando como llegaba la noticia, nos encontrábamos en las afueras del Prosit, aquel céntrico lugar que albergaba a la tribu homosexual de aquella de aquellos años, jóvenes que buscábamos un lugar de encuentro más seguros y discreto, tratando de evitar las barridas de los llamados “neo –nazi”, hoy se les conoce como conservadores. Barridas que nos obligaba a protegernos de los golpes, cuchillos y cadenas de los homofóbicos de aquel entonces, personaje no muy distintos a los que hoy lucen gritan con corbatas y que cambiaron los cuchillos por una Biblia.

El Prosit era centro de peregrinación marica, en Plaza Italia, nos juntábamos viernes y sábados, intercambiamos miradas y papelitos, no de coca o  marihuana,  eran papelitos de amor, en ese entonces juventud y amor  van de la mano, ahí escribíamos nuestros números de teléfono los que eran llevados a través del bolsillo de una cómplice camarera. “amiga de los colitas”. Ese día estábamos todos impactados, algunos lloraban, otros entraban en desesperación total, yo no podía entender mucho, la histeria no era mi fuerte más bien la evitaba, ya bastaba con saber que cada fin de semana había que llorar un nombre menos a causa del SIDA, ya me parecía suficiente el cáncer rosa, ningún alma podía soportar tanto dolor, menos aún cuando se había crecido entre barricadas, muertos, lacrimógenas y allanamientos. La dictadura de Pinochet en Chile fue perversa, aun ningún libro es capaz de sostenerla.

En un momento Rodolfo llega llorando, Claudio “la shifer” no hablaba, débilmente levanta su cabeza y dice; loca;.. quemaron la Divine¡¡…no es posible pensé,  mi frase cliché, esa frase que se dice antes que aparezca el cuerpo del difunto, algo similar al: “ ayer hable con él”.

Hasta ese momento y por años se pensó que fue un atentado… al pasar el tiempo  me doy cuenta que así fue, un borrón a la marginalidad, un vivir en la marginalidad, sin derechos, totalmente invisibilizados. En ese entonces nos quemaron y para muchos bien muertos estábamos, antes habíamos sido tirados al mar.

La Divine se encontraba en Valparaíso, V región de Chile, era un lugar de encuentro homosexual que lograba sobrevivir entre la discriminación y humillación dirigida a la población LGBT en nuestro país.  Ahí, entre la precariedad de una casa vieja se alimentaban los sueños de amor, promesas y encuentros sexuales que la ley dejaba pasar, ese 4 de septiembre las promesas de amor se cerraron para siempre.

Un 4 de septiembre de 1993, la casa ardió en llamas, varios murieron ese día , más allá de las indicadas en las cifras oficiales, en ese entonces un homosexual  más o una lesbiana menos jamás seriamos una cifra oficial, algunos dicen que murieron sobre 20 , pero quienes sobrevivieron a la tragedia dicen que fueron muchos más, los cuerpos no se alcanzaban a reconocer y  otros fueron sacados de la penumbra y el fuego, rescatados a escondidas, cuerpos tomados para ocultar sus nombres y rostros sin vida.

La Divine en llamas, mientras en santiago los pálidos rostros se refugiaban en la escasa vegetación de Plaza Italia, los baños del Prosit lavaban las caras de los homosexuales  que se enteraban de los nombres que partieron, muchos dejaron ese día a sus parejas, amigos, amantes y  esta vez no era el cáncer rosa que los azotaba, esta vez era nuestra ilegalidad que cobraba la vida de los nuestros.

La Divine fue quemada, sus recuerdos pronto fueron cenizas, sin embargo su memoria, su historia y las carcajadas aún se escuchan en las calles de ese añoso puerto.


En memoria a Claudio Sepúlveda.


José Luis Díaz.


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