José Luis Díaz

Lastarria homosexual, Santiago rosa y de plumas

Por José Luis Díaz


Sábado, las calles del barrio gay de Santiago comenzaban su hermosa y acalorada vida nocturna, las fotografías no se hacían esperar para inmortalizar los recuerdos en aquella pasarela exótica de la gran capital, ahí donde los encuentros sexuales son recurrentes junto a las miradas cómplices de un “te veo”. Entre mesa y mesa de un bar de colores, compartiendo la promiscuidad de sabores. En Lastarria, comuna de Santiago, las frutas hacen orgías, alimentando la imaginación y estimulando la lengua u otros sentidos.

 

José Luis Díaz

Mi camino y destino era seguro, me encontraría con un viejo amigo, uno de esos que te asegura el inicio del carrete pero no el final, quien en un momento fue un amor clandestino, la escamada con el hizo llorar a toda un área dramática de un conocido canal de televisión.

Partimos en la feria; Alternativa pop de literatura disidente sexual,  ahí las bellas estampillas y cartillas de la recordada e higienizada tienda VILLAGE no tendrían ningún espacio, tampoco sus colores y aromas, típicos de la clase media golpista de los 80.

Llegando al museo, tolerando mi odio por las multitudes, logro divisar dos trenzas a la distancia, más su obra de arte en un improvisado mesón, era distinto a ese arte que conocí en los 90, su departamento era un manifiesto a la crítica del social, política y cultural, sus dibujos exploraban en lo más secretos de las mentes evidenciando el morbo que hoy se vende en el Chat amarillo o cualquier otra aplicación de “aquellas para aquello”

Ahí estaba yo, frente a un arte maduro, con identidad y personalidad, eso no le resta merito a su creatividad incipiente del momento que nos conocimos, creo que fácilmente haría una exposición de eso retratos que ocupaban su cabeza,  transformándolos en una obra de arte, disidente y contestaría. Como olvidar las noches de marcha por la ciudad, donde recorríamos un circuito de bares para llegar a su departamento, recostarme en sus piernas y comenzar la escucha dramática de un libro inexplorado.

La tarde partía y al pasar el tiempo me voy dando cuenta que reconocía más pertenecía de la que pensaba, generalmente me arranco de esos espacios y prefiero refugiarme en los amigos de siempre, mi escapada no se debe al miedo de la gente sino más bien al miedo de ser reconocido, soy flaco y  simpático pero con un pasado, que en ocasiones asusta, la verdad siempre dado miedo,  no adorno las cosas que digo y pienso, después de la dictadura que azoto chile, caer bien no es algo que este en mis planes.

Comienzo a ver caras conocidas y con ellas recuerdos de noche porteña, San Antonio a veces se presenta entre tanta gente como una sombra de recuerdos a medio lavar.

Dos puestos más allá, una guapa trans, que en un momento fue mi amiga, las diferencias nos separaron un tiempo, ninguno muy bien portado al momento de hacer desorden, mi primer pensamiento, que rico verla antes de que nos saquemos los ojos, sin embargo no fue así, una sonrisa gentil, una mirada amable y cómplice daban cuenta de los latidos del corazón, un abrazo apretado y luego un conversemos. Y como otra artista más de esa selva de pensamientos, vendía su arte, sin apoyo y sin recursos, haciendo la resistencia intelectual.

Yo me sentía en el mesón de uno de los grandes, uno ya consolidado, los años le habían asignado un buen prestigio y su loca vida hacían la mezcla perfecta de creador visionario, ignorado y poco comprendido por la sociedad patriarcal, a veces pienso que ni él se comprende, lo cual no reviste un carácter valórico, para mi es solo él, como decía mi querido Marco Ruiz; si usted se cree pato, entre, será bien venido.

Así avanzaban las horas, comienzo a escuchar el itinerario de lo que sería ese sábado, mientras el desfile de locas no paraba, plumas, gritos de las más chicas, ese aires de juventud que ya me está soltando y los cuales dejo con felicidad, pues viví a mi manerasoy como soy  y nada es para siempre, salvo los  bares río arriba, un minuto de Fabiana y vuelvo a la realidad.

Mientras escribo esto me entero que Ana Gonzáles de Recabarren ha muerto, Ana fue una más de las disidentes de este país, luchando en este charco democrático la búsqueda de verdad y justicia, Ana González, no es simplemente la abuelita que adorna murales, es una mujer de lucha a la cual el dictadura militar le arrebato todo lo más preciado para ella, es difícil que una canción pueda llegar al alma de una mujer fracturada por los dolores de una asesinato sistemático.

Después de mi simple homenaje a Anita para decirle que jamás la olvidaremos, vuelvo al rencuentro pop con los viejos estandarte a la disidencia, eso que son observados por los pluma gay de la pasarela metropolitano y el cola burgués que se pasea mirando la selva de propuestas de los infelices olvidados.

Con leo cerramos negocio y nos vamos a recorrer las alternativa de la alternativa nocturna marica disidente creativa, partimos en un salón de evento, algo eternamente llamativo, me recordó las noches de pagano, hablo del real pagano, esas noches donde el pollo me maquillaba como panketa y terminaba caminando por el borde porteño con una boa en mi cuello, un cigarro en la boca y preguntando para donde nos vamos hoy, todo a las 8 de la mañana.

Entre arte, resistencia y bohemia seguíamos caminando, el carrete continuaba en otro espacio, no podíamos llegar tan limpios e inmaculados, leo proponía cerveza y que tomáramos en la calle, la rebeldía no se va con los años, solo se pone trenzas, leo insistía que tomara pero yo no tomo en la vía pública, lo tengo como principio, son herramientas que me han ayudado a salvarme del alcoholismo, pero que no lograron salvarme de todo.

Como señale anteriormente, éramos los primeros en llegar, en la puerta el dj de turno, un agradable dialogo y una nueva presentación, ya nos habíamos presentado mil veces, habíamos carreteado mil veces, pero siempre está la loca que le gusta hacerse la interesante, la bonita, leo las llama las princesitas, yo solo las llamo para pedir un trago y nada más.

Comenzó la fiesta, los rostros eran familiares y mientras más se desfiguraban más familiares me parecían, y en esa deformación mi cara se les fue haciendo conocida,… oye pero si yo te conozco… puede ser decía yo, he sido profesor, activista, psicólogo y monitor en alguna parte, posiblemente nos topamos en la vida , comienzan los recuerdos, luego más te conozco y otros recuerdos,  luego escuchaba desde mi espalda te conozco y nuevos  recuerdos, al fin por agotamiento me doy cuenta que nunca deje de ser, siempre fui de eso que se marginan de la sociedad, que siguen luchas personales o colectivas, pero al igual que ellos siguen en la búsqueda de lo placentera al otro lado del oficialismo puritano, inmaculado y limpio del falso chile que construimos todos.


Para ti catacumbas…


José Luis Díaz.

 


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