Un Septiembre Trans: Las personas que invisibiliza el patriarcado

Por José Luis Díaz

Entrevista a Romina Ramírez, Profesora de Historia y Geografía, Vocera y Activista Trans del Movimiento por la Diversidad Sexual (MUMS) y Militante del Partido Ecologista Verde.


Romina, este 04 de septiembre se vota en el Congreso Nacional la Ley de Identidad de Género que ya lleva en espera cinco años aproximadamente… ¿Como se beneficiaría nuestro país y las personas trans con esta ley?

Más que un beneficio, diría que es un derecho que se ha ganado a costa de una lucha histórica que ha tenido la comunidad LGTB desde la aparición del Feminismo a mitad de siglo XX. Y gracias también al respaldo del derecho internacional para apelar jurídicamente a ella.

En nuestro país, así como en otros donde ha sido aprobada, permitirá a miles de personas a cambiar su nombre y sexo registral, con lo cual entregará la identidad y la dignidad a personas Trans para relacionarse con el mundo tal como él o ella se percibe a sí misme. Por lo tanto, es un paso significativo que entregará una calidad de vida digna a la población trans y significativo para la conquista de los derechos humanos en Chile y el mundo (recordemos que en Latinoamérica sólo tres países tienen ley de identidad de género: Argentina, Uruguay y Bolivia).

Queremos conocerte ¿Cómo recuerdas tu infancia?

Mi infancia la viví en la población El Castillo en la comuna de la Pintana, hasta los 12 años. Era un niño tímido e introvertido, pero me gustaba mucho ir a la escuela, a pesar que muchas veces sufrí bullyng también aprendí a defenderme incluso a golpes en algunas ocasiones. En las poblaciones como el Castillo es la única manera de sobrevivir, y no morir o suicidarse tal como lo demuestran las cifras actuales del CIDH y los casos expuestos en medios de comunicación masiva.

¿Qué pasó después? ¿Cómo llegaste a darte cuenta que eras trans y a qué edad? 

Cuando tenía 10 años aproximadamente, recuerdo que durante el verano mi madre salía a comprar a una amasandería retirada de la casa, siempre se demoraba, entonces en esos momentos, yo tomaba sus ropas, un par de aros de apriete, me los colocaba, me miraba al espejo y sonreía… son los recuerdos que tengo de las primeras veces que empecé a jugar y experimentar con el género, a escondidas lógicamente para no ser recriminada o castigada posteriormente.

Luego, a medida que iba acreciendo y por normalización de la escuela y la sociedad, reprimí toda expresión o inclinaciones asociadas al género femenino, me volví una persona introvertida y tímida. Recuerdo haber tenido enfermedades psicológicas extrañas como por ejemplo, orinarme mientras dormía en la noche y a tener tartamudez continua hasta los veinte años aproximadamente.

A los 25 años abandoné mi carrera universitaria, se me juntaron muchos problemas, existenciales, económicos y amorosos, por lo que caí en una profunda depresión, que la arrastré durante muchos años mientras me empezaba a dedicar al arte del transformismo en discoteques y pub gays de Santiago. Era una vía de escape a los problemas que y que pronto se transformaría en el puntapié inicial para empezar un largo camino de autodescubrimiento y autovaloración para tomar la decisión posteriormente de vivir como yo quería, fue algo difícil, estaba sola y enfrentada a todos los prejuicios y estigmas que existían a ese entonces sobre las personas trans: prostitución, vih, abandono, exclusión, violencia, etc… Por lo demás las mismas personas trans y travestis que yo conocía en ese entonces tampoco creían en una reivindicación trans y abogaban por aceptar esos estigmas. De hecho, en ese entonces las mismas personas trans adultas me aconsejaban no hacer la transición, para no sufrir la exclusión social: “en ningún lugar te darán trabajo…” “terminarás en la calle o en el mejor de los casos en un departamento prostituyéndote…”. Recuerdo largas noches de debates con en una vieja casona donde nos juntábamos a sociabilizar con chicas trans y hombres que sentían atracción por chicas como nosotras. Hay que destacar que son en estos espacios donde precisamente empieza la exclusión social donde la mayor parte de las mujeres trans termina en el comercio sexual como única alternativa laboral, ya que se cierran todas las demás puertas por el prejuicio social y heteronormado que nos persigue.

En ese período de transición yo trabajaba en un call center, y fue cuando más sufrí discriminación y violencia laboral, no respetan mi nombre social, me amenazaban con ir a buscar al guardia si seguía yendo al baño de mujeres, etc., pero cuando ocurrió el asesinato de Daniel Zamudio dejaron de acosarme frecuentemente, y desde esa experiencia puedo concluir que las leyes ayudan bastante al cambio cultural cuando estas intervienen en estos espacios de discriminación.

Considerando tu historia de vida y tu experiencia como profesora de una escuela para estudiantes trans… ¿crees que les niñez deberían estar en esta ley?

Creo que son procesos y contextos distintos, entre personas que hicimos una transición adulta y cuando lo haces cuando niño o niña.

Las personas que hacen la transición cuando adultas viven un proceso mucho más doloroso y con costos sociales mucho más altos. Creo que mientras a más temprana edad tengas la libertad de construir tu verdadera identidad de género es mucho más sano para la misma persona y para su entorno, y no crear una falsa identidad que a la larga solo se convierte en dolor y sufrimiento.

Ahora, desde un punto de vista de análisis crítico, sabemos que la ley no es perfecta tal como idealmente nos hubiese gustado, ya que por un lado es de carácter binario (te obliga a cambiar nombre y sexo a la vez, sin la alternativa de cambiar sólo el nombre); y por otro lado obliga a los menores de edad a enfrentarse a un Tribunal de Familia para que jueces decidan la identidad del menor a lo largo de un proceso que puede tardar varios meses.

Sin embargo, la decisión actual que se encuentra en manos de los parlamentarios de votar a favor de los menores de edad es la oportunidad de cambiar la historia para que no se repitan relatos de sufrimiento, represión y violencia a la cual nos vemos enfrentadas las personas trans desde la infancia. Nosotres no estamos demando privilegios ni tampoco es un capricho. Es un derecho, avalado por la normativa internacional, incluyendo niños y adultos, respecto a la capacidad de tomar decisiones relacionadas a nuestro cuerpo y nuestra identidad.

Cómo profesora puedo corroborar que cuando entregas espacios de participación a les niñez, desarrollas la capacidad para que puedan tomar decisiones de manera autónoma en las cosas más cotidianas relacionadas a su identidad y expresión de género, por ejemplo, que puedan elegir su ropa, sus juegos, dar opiniones sin miedo a ser violentados, etc. Pero si estos espacios no se brindan, tal como ocurría con nuestras generaciones anteriores, la autonomía se restringe y pasas a ser dependiente de normas sociales y doctrinales que promueven los sectores conservadores y fundamentalistas, que en muchos casos sólo provocan dolor y sufrimiento por no tener la libertad de ser quien realmente eres. Esta ley promueve precisamente eso, la libertad de las personas a elegir sobre su propia identidad, tal como lo establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Convención Internacional de los Derechos del Niño.

¿Cómo te explicas que un parlamento sin trans decida sobre la vida de las personas trans?

Creo que esa es la realidad que nos presenta la norma heteropatriarcal y que al mismo tiempo deben ser los motivos para seguir en la lucha de una educación no sexista.

Por eso, me parece muy importante que la población Trans se proponga como desafío seguir ocupando diferentes espacios de la sociedad.

También me parece importante entregar la dignidad perdida a las generaciones trans adultas, que vivieron toda su vida bajo el yugo de la exclusión social, que no alcanzaron a vivir los frutos de esta gran lucha y que ahora se encuentran en una precarización social significativa a causa del trabajo sexual que ejercieron toda su vida y que nunca fue legislado, nunca el Estado se preocupó de ellas, y que actualmente no cuentan con ningún tipo de pensión que las ayude a vivir dignamente.

Gracias Romina, espero que esta 4 de septiembre  podamos  avanzar en Chile con una ley de Identidad de género, nuestras leyes deben ir a la par con los con avances sociales y culturales.


José Luis Díaz.


Voz Ciudadana Chile en facebook

Comentarios
Loading...