Carta abierta al Presidente Sebastian Piñera respecto a políticas públicas sobre inclusión y personas con discapacidad

Estimado Presidente:

Junto con saludar, quisiera contar una realidad que presiento aún esta invisibilizada en su gobierno, y las políticas públicas que se han venido implementando en materias de inclusión, una realidad que se materializa en una instrumentalización de prejuicios y estigmas en torno a la sexualidad y derechos reproductivos de mujeres, como yo y muchas otras que se encuentran en el anonimato, una realidad que pese a la escasa visualización de nuestra existencia, estamos aquí, luchando, y entregando lo mejor de cada una, en este proceso de la maternidad; unas cuantas han debido derivar los cuidados de sus peques a familiares e instituciones, y otras que nos negamos a renunciar la dicha de ser madre, ver crecer a nuestros hijos, y bajar los brazos ante las adversidades de un mundo diverso, donde unos cuantos encajan, y otros tantos, simplemente no lo intentan o se dejan abrumar por los problemas.

Por este, y un sin fin de motivos, decidí redactar estas lineas, con el propósito de llegar a usted, desde mi propia voz (en este caso, palabras escritas), y hacerle saber mi opinión y junto con ello, rogando ser escuchada, en representación de las que callan, las silencian o por cuestiones de la vida, no tienen la posibilidad de utilizar este tipo de plataformas. Pues bien Presidente, en primer lugar, me parece desgarrador e inhumano, que nuestra condición de discapacidad, sea considerada un factor de riesgo para nuestros niños, entendiendo perfectamente que lo prioritario es velar por el bienestar del recién nacido. Se preguntará a que me refiero, desconozco si conoce los protocolos que se mantienen en los recintos de salud cuando nace un menor. Bueno, ahí el equipo médico puede decidir si entrega al menor a su madre, o lo institucionaliza en caso de considerar la existencia de factores de riesgo, que atenten contra su integridad física; donde la discapacidad, de manera automática me convirtió en un factor de riesgo para mi hija. Y yo me preguntó ¿Por qué una condición que no depende de mí, que no elegí me hace ser un peligro para mi beba?
También, me cuestionó ¿Por qué la discapacidad es predominante de factor de riesgo y no como un factor protector, una fortaleza y oportunidad de trabajar desde una mirada integral la maternidad?

A dos años y seis meses del nacimiento de mi niña, aún no logró dar respuestas a estas interrogantes que duelen, violentan y transgreden mis derechos como mujer, porque antes y por sobre mi discapacidad, soy mujer.

Presidente, sumado a lo anteriormente mencionado, hay una canasta de prestaciones que entrega el sistema de salud a la embaraza, entre ellas, control con psicólogo en caso de requerirlo, pero, que absurdamente en mujeres con discapacidad, es obligatorio, ya que de eso “dependen tus habilidades parentales”, y debes demostrar que si estas ” apta” para la maternidad.

No conforme con ello, vienen la seguidilla de prejuicios y juicios de valor, sobre la decisión voluntaria de ser madre, casi como algo prohibido, o una adhesión de incapacidad intelectual, por considerar la reproducción en la discapacidad una “locura”, “un acto de demencia”, más que un acto de amor puro y verdadero, ese que no se compara con nada, ese que te alienta a no decaer, aunque alrededor el mundo se este cayendo a pedazos.

Presidente, la maternidad, con o sin discapacidad no debiese ser una pesadilla de persecución y trabas, para ninguna persona.
La maternidad en cualquiera de los casos, debe ser, validada, respetada y protegida por nuestro Estado.

Presidente, la maternidad en la discapacidad, no debe ser situada desde la visión médica, ni como un segmento aparte de nuestra sociedad, estamos aquí.

Y por último, a días de iniciarse una nueva cruzada de amor, como lo es Teletón, yo le ruego su intervención en lo que respecta a mi rol y el de otras madres en mi situación, y se legisle una ley de maternidad asistida, para quienes se ven impedidas de cuidar de sus hijos con sus propias manos. Ruego en lo personal, se me permita viajar con mi hija a sus controles, y no se me encarcele en un programa de salud, que no me permite sacar el ventilador mecánico que reemplaza mis pulmones de casa, y no se me siga quitando la posibilidad de respirar libremente, sin temor que se apague mi equipó por no contar con baterías extras, las cuales me dan vida, y me permiten ser madre y disfrutar día a día de mi bella hija.

Presidente, mi hija es maravillosamente hermosa, ha logrado cosas que para muchos era catalogado como inviable, entre ello, nacer. Las autoridades de ese entonces, veían mi embarazo como un precipicio sin fin, y acá estamos.

Señor Presidente, ningún niño y niña debe ser visto como un gasto, o un niño símbolo de problemas o negación a optar una mejor calidad de vida, independiente de su condición.

Actualmente, ella esta con una patología compleja, y requiere ser evaluada por especialistas de manera urgente, antes que esto empeoré, y pesé a que he golpeado puerta tras puerta, aún estamos en lista de espera mediante una interconsulta en el Hospital San Borja, una espera que día a día incrementa el riesgo a morir, por lo que se ha transformado en agonía.

Gracias Presidente.

Atentamente
Valeria Riveros Agurto.


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