4 de noviembre de 1970, asume como presidente de Chile; Salvador Allende Gossens

El 4 de septiembre de 1970, Salvador Allende, al frente de la Unidad Popular (una coalición en­cabezada por los partidos Socialista y Comunista e integrada por un pequeño partido burgués, el Radical), ganó las elecciones presidenciales chilenas, lo que tuvo una inmensa repercusión internacio­nal. La vanguardia obrera y popular miraba con gran expec­tativa lo que ocurría en Chile. Sectores de la izquierda re­formista y, especialmente los partidos comunistas, procla­maban el avance de la “vía pacífica al socialismo”.


El 24 de octubre, con el voto de los representantes de la Unidad Popular (UP) y de la Democracia Cristiana (DC), el Congreso de Chile confirmó al socialista Allende como pre­sidente. Los partidos patronales —el Partido Nacional (PN) y DC— tenían, sumados, mayoría en el Congreso. Pero De­mocracia Cristiana, con base electoral en la clase media, hubiera estallado en pedazos si en ese momento se unía a la derecha oligárquica representada por el PN para votar contra Allende, tal como se lo permitía la elección indirecta fijada por la Constitución.

El triunfo de la Unidad Po­pular y la asunción de Allende se explican por el contexto de grandes luchas obreras, estudiantiles y po­pulares en Chile y en todo el Cono Sur. Durante la campa­ña electoral no pasó un día sin que estallara una huelga o hubiera ocupación de te­rrenos urbanos o fundos ru­rales, hubo un paro nacional 55 días antes de las elec­ciones y la primera huelga nacional campesina. En Bo­livia, el ascenso minero, campesino y estudiantil seguía su crecimiento y se re­unía la Asamblea Popular. Un año antes había sido el Cordobazo en Argentina, que hirió de muerte a la dic­tadura de Onganía.

El imperialismo y la bur­guesía chilena tuvieron que aceptar el triunfo electoral de Allende por temor a pro­vocar un choque frontal con la clase obrera, movilizada en sus poblaciones y fábri­cas y en 15 mil comités de base de la UP. En esa situa­ción se produjo una divi­sión en la patronal chilena. Un sector, representado fundamentalmente por la DC, coincidía con partes del programa de la UP, con la nacionalización del cobre y otras medidas que pusie­ran algún limite a la rapiña imperialista.

MEDIDAS ANTIIMPERIALISTAS Y MOVILIZACIÓN POPULAR

Las primeras medidas del gobierno de Allende le die­ron inmensa popularidad: aumento de salarios de 35%, reparto de medio litro de teche diaria para cada niño, disolución del odiado Cuerpo Móvil de Carabine­ros, represor de las movili­zaciones.

En diciembre de 1970 se inició la nacionalización de los bancos que, ya estatiza­dos, llegaron a controlar 90% del crédito. Además, 90 fábricas pasaron a la esfera social. Estas fábricas con­centraban 18% del empleo industrial y 20% de la pro­ducción; aumentó la cons­trucción de viviendas popu­lares y disminuyó la desocu­pación a 3,8%. En el campo, se aceleró la reforma agraria comenzada el gobierno an­terior; en menos de dos años, se expropiaron 2 mil 500 fundos por la presión directa de la movilización campesina, en especial de los indios mapuches que re­cuperaban así sus tierras ancestrales.

Las medidas de más pe­so económico fueron la na­cionalización del cobre y otros minerales: cemento, hierro, carbón, salitre… que fueron vistas como legítimas conquistas por el movi­miento obrero y popular que presiona por lograr más y más. Los obreros ocupan fábricas y pasan a controlar­las, los campesinos ocupan las tierras sobrepasando las expropiaciones legales.En las elecciones munici­pales de marzo de 1971, la UP logra mayoría absoluta: 50,9%.

LA CRISIS Y LOS LÍMITES DEL GOBIERNO DE LA UP

Pese a estas medidas y pe­se al masivo apoyo popular que logró en su primer año de gestión, el gobierno de Allende no se apoyó en el movimiento obrero y popu­lar para enfrentar la resis­tencia imperialista y burgue­sa ante el inevitable choque de clases.

El PS y el PC, aunque dieron una serie de pasos para mejorar las condicio­nes de vida obreras y popu­lares, pusieron el centro en el acuerdo con sectores burgueses, las Fuerzas Ar­madas y la DC, con una polí­tica “frente popular”, es de­cir, de reformas y concilia­ción de clases. Así, al asu­mir el gobierno, la UP acor­dó con la DC no tocar al oli­gárquico sistema judicial, ni a las Fuerzas Armadas. El gobierno de Allende cum­plió escrupulosamente ese acuerdo hasta sus últimos días, incluso cuando la DC, los jueces y los militares eran ya abiertamente gol-pistas.

A finales de 1971 comien­za la contraofensiva impe­rialista. El precio del cobre, principal exportación chile­na, se derrumba en el mer­cado mundial. Estados Uni­dos adopta medidas de blo­queo contra Chile por la na­cionalización del cobre y por la no renegociación del pago de la deuda externa, una moratoria de hecho en los pagos. La burguesía chi­lena comienza a llevarse sus capitales al exterior y a boicotear abiertamente la economía nacional. Desa­parecían los alimentos y abastecimientos del merca­do con precios controlados y reaparecían en un gigan­tesco mercado negro que sumió a la economía en el caos.

Al profundizarse la crisis económica y social, a finales de 1972 comienza a perfi­larse claramente un movi­miento golpista. En octubre de 1972, un paro nacional de camioneros, dirigidos por la ultraderecha, agrava el pro­blema de desabasto. La úni­ca forma de impedir el caos económico provocado por la burguesía era con enérgicas medidas de expropiación y castigo a los especuladores. Los trabajadores estaban dispuestos. Se formaron mi­les de Juntas de Abasteci­mientos y Precios para con­trolar, organismos de poder como los Cordones Indus­triales que ocupaban y admi­nistraban empresas, y tam­bién surgieron los Coman­dos Comunales.

En Concepción, segunda ciudad industrial del país, se formó la Asamblea Popu­lar, que reunió a toda la iz­quierda, excepto al PC, y a centenares de organizacio­nes obreras, estudiantiles, barriales y campesinas de la región.

Mientras la clase obrera se preparaba para enfrentar a la contrarrevolución, el go­bierno de la UP la frenaba. Se oponía a extender las ex­propiaciones. Por el contra­rio, ante exigencias de la DC reajustó su plan original y ordenó devolver empresas ya expropiadas a sus due­ños anteriores. Lejos de apoyar el desarrollo de los nacientes organismos de poder obrero y popular para dominar la distribución de alimentos y acabar con el mercado negro, le da más poderes a las Fuerzas Ar­madas, decreta el toque de queda y le da tres ministe­rios a los militares. Sin em­bargo, nada de eso impidió que la DC se sumara a la conspiración.

Estas medidas, lejos de apaciguar a los golpistas, como esperaban los dirigentes de la UP, los envalento­naban. El caos económico continúa y grandes sectores de la clase media, desespe­rados por la crisis y por no ver ninguna salida, se vuel­can hacia los militares.

¿QUÉ FUERON LOS CORDONES INDUSTRIALES?

Entre los organismos que formaron los trabajado­res chilenos en el rico y convulso período de gobier­no de Salvador Allende, se destacaron los cordones in­dustriales, que surgieron como una coordinadora de los sindicatos de fábrica de una determinada zona y pronto agruparon también a juntas vecinales, las Juntas de Abastecimientos y Pre­cios (JAP) que controlaban la comercialización, centros de estudiantes, de madres, y otras organizaciones popu­lares de base.

Así cada cordón fue un organismo representativo obrero y popular en cada zona, que comenzaron a tener poder. Había empresas me­talúrgicas y mineras nacio­nalizadas que funcionaban bajo control obrero. Durante la crisis de octubre de 1971, cuando la patronal lanzó el boicot económico en gran escala contra el gobierno, muchas otras empresas pri­vadas fueron tomadas por los trabajadores y comenza­ron a producir bajo control obrero.

Todo esto se logró con la fuerza de la base y el activis­mo, pero sin ningún apoyo de los partidos Comunista (PC), Socialista (PS) o de la Central Única de Trabajado­res (CUT), cuyas cúpulas se oponían a los cordones.

Armando Cruces, obrero y militante socialista, descri­bía así lo que ocurría: “La organización de un cordón industrial cuesta mucho. Hay que tomar en cuenta que manejar 350 empresas es una situación muy difícil. Y que esto lo estamos ma­nejando solamente trabaja­dores, no dirigentes de la CUT. ¡Jóvenes!… el compa­ñero que le habla tiene 26 años, soy presidente del sindicato de Elecmeta! y soy presidente del Cordón Vicu­ña Mackenna… Hay proble­mas todos los días, por cul­pa del reformismo. Donde los compañeros toman una empresa y el gobierno orde­na devolvería y los compañeros llegan a los dirigentes del cordón… Como nosotros somos un germen de poder popular y vamos a amparar a nuestros hermanos de clase, hacemos movilizaciones contra el gobierno, cuando el gobierno toma una posición reformista, una posición de transar con el enemigo, de adorar a los milita­res”

Tanto los dirigentes del PC, del Movimiento de Iz­quierda Revolucionaria y de la CUT hicieron todo lo posi­ble para mantener a los cor­dones en una posición subordinada y se opusieron te­nazmente a su centralización, logrando impedirla; decían que era “paralelismo” con la CUT. Los militares golpistas de 1973 se ensañaron parti­cularmente con los dirigen­tes y delegados de los cordo­nes industriales. Sabían que ahí estaba el germen de po­der obrero que, si se exten­día y profundizaba, si se do­taba de una dirección, podía terminar con el capitalismo chileno y también con la po­drida casta militar.


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