Los errores del más reciente libro de Jorge Baradit, vistas por el periodista Fernando Velo presente en La Moneda el 11 de Septiembre de 1973

El periodista y fotógrafo Fernando Velo, cercano al más íntimo círculo del Presidente Salvador Allende, y quién cubrió las primeras horas del golpe militar en las afueras del palacio presidencial, realizó una columna en su cuenta de facebook, con las impresiones y errores del más reciente libro escrito por Jorge Baradit.  


Periodista y Fotógrafo Fernando Velo.
Foto: Rodrigo Segovia Durán.

En honor a la verdad histórica.

Estamos desayunando y de pronto mi compañera me hace entrega del libro “La Dictadura”, historia secreta de Chile, de Jorge Baradit, libro que no alcancé a adquirir el 7 y 8 de septiembre cuando estuve en Santiago.

Ya había leído dos tomos de este autor que para muchos historiadores es controversial. Asimismo, le he escuchado hablar por medio de entrevistas propaladas en estas redes y me parece que tiene un punto de vista muy singular en la medida que se manifiesta de izquierda y por tanto da a conocer un punto de vista que es rechazado por muchos profesionales que le acusan de no ser historiador.

Me demoré una hora y pico en leer las primeras 84 páginas del capítulo. Antes y debo señalar enfáticamente que me ha decepcionado por cuanto el enfoque que Baradit efectúa pareciera estar destinado a niños de educación elemental y, por otra parte, su relato tiene un criterio testimonial relativo a lo acontecido a su familia en esos trágicos casi tres años en que gobernó mi presidente Salvador Allende.

Pero eso no es todo, sino que Baradit cae en una serie de errores que honestamente deberían ser subsanados a la brevedad posible, ya que está efectuando una mala interpretación histórica plagada de errores, y ello, a pesar de contar con una buena bibliografía de la cual comenta haberse nutrido para realizar este libro.

Foto: Fernando Velo

Baradit comete un craso error, por ejemplo, al indicar que Carlos Altamirano pronunció un inquietante discurso (el 9 de septiembre) en el teatro Caupolicán, cuando en efecto su participación la hizo en el Estadio Chile. También habla de la presencia del entonces secretario general del PS, el día 11 de septiembre en Indumet, cuando lo cierto es que Altamirano jamás estuvo allí. Solamente acudió por contados minutos al estadio de la Cormu, en Lo Valledor y “desapareció”.

Manifiesta que el día 11 los tanques entraron por la calle Teatinos en dirección a La Moneda, cuando la realidad es que ingresaron al perímetro del Palacio Presidencial por la calle Morandé y de allí uno se apostó en la calle Moneda casi a un costado del edificio del Seguro Obrero; el otro se situó en la calle Agustinas de costado al edificio del diario La Nación y el tercero estuvo recorriendo esas tres arterias. Lo digo porque yo estuve allí ese día junto a un grupo de periodistas que ante el inminente ataque aéreo tomamos refugio en las instalaciones de la SIAT (subterráneo de la Plaza de la Constitución). Otro error en que incurre Baradit es al decir que luego se cerrarían las puertas de la casa de gobierno. La realidad es que nunca estuvieron abiertas ese día y solo se abrieron para recibir a personeros de la UP que llegaron a brindarle apoyo moral al presidente Allende, siendo el último en arribar, el camarada José Tohá.

Baradit habla de la tremenda demostración de fuego de los tanques. No, no es así, porque el situado en Moneda inició los disparos (el ataque contra la sede de gobierno) pocos minutos después de las diez de la mañana mediante una ametralladora punto treinta que tenía en su torreta. No hubo obuses ni disparos de cañón, porque al promediar las doce horas cuando en forma definitiva se anunció que el postergado bombardeo que se llevaría a cabo a las once se efectuaría al mediodía, los tres tanques abandonaron las inmediaciones de La Moneda para escapar a las ondas expansionistas producidas por los misiles aéreos. Asimismo eran anticuados tanques Sherman usados en la Segunda Guerra Mundial.

Foto: Fernando Velo

También Baradit no es preciso al pronunciarse sobre la guardia de Palacio que custodiaba el recinto y que supuestamente le era fiel al presidente. Ellos, salieron en forma ordenada y presurosa minutos después de las 11 de la mañana y tomaron refugio donde nos encontrábamos casi una veintena de periodistas, en la SIAT. En conformidad a los soldados francotiradores que se apostaron en las azoteas del Hotel Carrera para desde allí disparar bombas lacrimógenas a la sitiada sede gubernamental, eso sucedió pasada la acción aérea.

Asi, hay otras irregularidades de orden histórico que Baradit comenta en su libro. Ante ello le pido humildemente a Jorge que revise los textos y se acoja a la verdad histórica.

Pero por ahora, me limitaré a leer los capítulos durante y después que incluye en su libro.

Fernando Velo.


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